sábado, 31 de enero de 2015

APARTHEID, NUEVA ETAPA

Ayer viví una experiencia de sentimientos encontrados como nunca había sentido, me cuenta un gran amigo mío de origen peruano casado con una maracucha por más de 30 años, padre de 3 hijos nacidos y criados aquí en Maracaibo, cuyos nombres no diré por su protección, que después de haber hecho una cola por más de tres horas en Super Tienda Latino en la sucursal C.C. San Felipe y registrarse en el captahuellas, se dirigieron a pagar, la cajera les pidió la cédula de identidad, él se la entregó, ella vio la cédula, lo miró a la cara y le preguntó, ¿de dónde es usted? él respondió, ¡de Perú!, la empleada le dijo entonces que no le podía vender nada... ¿Por qué? -preguntó él- ¡por que usted es extranjero y, no le podemos vender nada a los extranjeros! -respondió la chica-, él reclamó, se puso a discutir y a quejarse, llamó a un empleado con rango superior para denunciar el atropello y este le dijo que eran "órdenes superiores, es un mandato del gobernador", se tuvo que ir sin nada, solo le vendieron a su esposa, y ni siquiera llevaban productos regulados. "Marvil, lo más triste de todo es que ninguna de las personas que estaban en el supermercado me apoyó, solo se dedicaron a observar". -me contó con lágrimas en los ojos-. Curiosamente, ese negocio es de un extranjero chino.

Luego de este relato, para mí el día transcurrió de forma extrañamente conocido cuando vinieron mis recuerdos, las lecturas y fotografías de los libros que mi padre nos compraba cuando niños sobre la segunda guerra mundial, las dictaduras y el comunismo. Siempre fue un apasionado lector y amante de la historia, nos decía con robusta pasión educativa que, debíamos conocer esos hechos históricos que causaron tanto dolor a la humanidad, deseaba que se nos grabara en nuestras mentes y en los genes para siempre y reconocer sus latentes y constantes amenazas en nuestros días. Hoy reconozco las amenazas de los regímenes actuales en el mundo como en otrora, y para nuestra desgracia en este momento las estamos viviendo en nuestro país.

Este es el primer caso que conozco tan de cerca en esta nueva etapa del "apartheid" del régimen venezolano y me ha afectado tanto que me ha hecho sentir espinas en mi corazón por tanta humillación y violación a los derechos humanos.

Me avergüenza el maltrato a nuestros hermanos que vinieron de otros lares a construir, a ayudarnos a edificar nuestra patria. El venezolano nunca fue así, este país le abrió los brazos a todo el que vino a "beber" Democracia y Libertad. Mi suegra vino de Colombia, tengo una sobrina en Bucaramanga, un cuñado de origen asiático, una ahijada alemana, además alumnos chilenos, italianos, mexicanos y de otras latitudes.

Esta agresión y violación de los DDHH no solo afecta a los extranjeros sino también a nosotros los venezolanos, más a quienes hemos forjado vínculos fraternos y lazos familiares con ellos y cuyos derechos han sido vulnerados tan descaradamente.

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