Ayer viví una experiencia de sentimientos
encontrados como nunca había sentido, me cuenta un gran amigo mío de origen
peruano casado con una maracucha por más de 30 años, padre de 3 hijos nacidos y
criados aquí en Maracaibo, cuyos nombres no diré por su protección, que después
de haber hecho una cola por más de tres horas en Super Tienda Latino en la
sucursal C.C. San Felipe y registrarse en el captahuellas, se dirigieron a
pagar, la cajera les pidió la cédula de identidad, él se la entregó, ella vio
la cédula, lo miró a la cara y le preguntó, ¿de dónde es usted? él respondió, ¡de
Perú!, la empleada le dijo entonces que no le podía vender nada... ¿Por qué?
-preguntó él- ¡por que usted es extranjero y, no le podemos vender nada a los
extranjeros! -respondió la chica-, él reclamó, se puso a discutir y a quejarse,
llamó a un empleado con rango superior para denunciar el atropello y este le
dijo que eran "órdenes superiores, es un mandato del gobernador", se
tuvo que ir sin nada, solo le vendieron a su esposa, y ni siquiera llevaban
productos regulados. "Marvil, lo más
triste de todo es que ninguna de las personas que estaban en el supermercado me
apoyó, solo se dedicaron a observar". -me contó con lágrimas en los
ojos-. Curiosamente, ese negocio es de un extranjero chino.
Luego de este relato, para mí el día
transcurrió de forma extrañamente conocido cuando vinieron mis recuerdos, las
lecturas y fotografías de los libros que mi padre nos compraba cuando niños
sobre la segunda guerra mundial, las dictaduras y el comunismo. Siempre fue un
apasionado lector y amante de la historia, nos decía con robusta pasión
educativa que, debíamos conocer esos hechos históricos que causaron tanto dolor
a la humanidad, deseaba que se nos grabara en nuestras mentes y en los genes
para siempre y reconocer sus latentes y constantes amenazas en nuestros días. Hoy
reconozco las amenazas de los regímenes actuales en el mundo como en otrora, y
para nuestra desgracia en este momento las estamos viviendo en nuestro país.
Este es el primer caso que conozco tan de
cerca en esta nueva etapa del "apartheid" del régimen venezolano y me
ha afectado tanto que me ha hecho sentir espinas en mi corazón por tanta
humillación y violación a los derechos humanos.
Me avergüenza el maltrato a nuestros hermanos
que vinieron de otros lares a construir, a ayudarnos a edificar nuestra patria.
El venezolano nunca fue así, este país le abrió los brazos a todo el que vino a
"beber" Democracia y Libertad. Mi suegra vino de Colombia, tengo una
sobrina en Bucaramanga, un cuñado de origen asiático, una ahijada alemana,
además alumnos chilenos, italianos, mexicanos y de otras latitudes.
Esta agresión y
violación de los DDHH no solo afecta a los extranjeros sino también a nosotros
los venezolanos, más a quienes hemos forjado vínculos fraternos y lazos
familiares con ellos y cuyos derechos han sido vulnerados tan descaradamente.