lunes, 8 de septiembre de 2014

EL FENÓMENO DEL BACHAQUEO

El fenómeno del "bachaqueo", la ola de especulación y discriminación del régimen contra los venezolanos, contra los zulianos en particular encabezado por Árias Cárdenas y empresarios del sector industrial-comercial entre otros, impone a los ciudadanos una etiqueta de criminalidad cuando no era suficiente humillación tener que mostrarle la cédula de identidad a un chino especulador para comprar un litro de leche, había que escarnecer con el uso de captahuellas. Esa es la naturaleza del régimen que hará cualquier cosa para imponer su comunismo a como dé lugar.

Para ello esta "mafia electa" utiliza mecanismos de propaganda, de desinformación, persuasión o la manipulación de la conciencia colectiva señalando responsabilidades donde no las hay, por un lado en la ciudadanía como compradores nerviosos, compulsivos y acaparadores, por otro, en los "bachaqueros" que, en gran parte no son otra cosa que grupos comandados protegidos por el régimen quien a su vez, crea la matriz de opinión, la creencia de que estos dos elementos y no la improductividad son los causantes del desabastecimiento y la escasez.

Para los que conocen este fenómeno o para quienes lo desconocen, han de saber que, cuando le echaron al lago el último balde de agua para llenarlo, ya existían los bachaqueros, y nunca faltó nada en los anaqueles, en esta actividad han participado mafias, bandas hamponiles y corporaciones de distintas nacionalidades, poder económico, político y militar, pero también personas y familias enteras de forma honesta y responsable.

Hay algo curioso que sorprende por demás: la escasez y el desabastecimiento son tan agudos que los enchufados, los boliburgueses le compran a "bachaqueros de alta gama", no he visto al primero haciendo cola, pregunto: ¿cómo consiguen ellos sus bienes, servicios y productos de consumo? ¡son gordos! ¿a quién le compran sus camionetotas? ¡andan blindados y con escoltas! ¿cuánta tecnología "bachaquean" desde el imperio? Estos sujetos se muestran con descaro y naturalidad, sin vergüenza ni pudor con sus adquisiciones tecnológicas, teléfonos y relojes inteligentes, tabletas enchapadas en oro, computadoras, equipos de sonido, televisores, whisky del bueno, ropa, calzados de marcas, enseres, joyas, además de tantas otras cosas para consumo propio y para revenderlos aquí sin que para ellos eso signifique delito alguno. Y no hablemos del bachaqueo de dólares hacia los bancos de los paraísos fiscales.

El bachaqueo es un fenómeno comercial milenario, sin ir tan lejos, Cristóbal Colón llegó a América a bachaquear. El régimen quiere hacernos ver esta actividad como un delito pero, hay un lado que oculta, que no reconoce y es la intermediación que realizan muchos de estos grupos del comercio informal llevando abastecimiento a las poblaciones marginadas y deprimidas más recónditas. Muchas familias, hasta empresas viven de esta actividad. Un ejemplo representativo lo constituye la Guajira, siendo este un territorio eminentemente oficialista, los niños mueren de hambre, familias enteras presentan cuadros importantes de desnutrición y pobreza extrema por el olvido de esta casta gobiernera, y el bachaqueo es lo que medianamente alivia sus carencias, no puede entonces ser criminalizada esta actividad, porque revender no es delito, la Constitución lo consagra. (Dixit, Capítulo VII - De los Derechos Económicos, Artículos 112-113-114-115-116-117 y 118).

Precisamente, el bachaqueo es al mismo tiempo un plan racista del régimen contra nuestros indígenas guajiros del que saca provecho en connivencia con una intrincada red organizada del delito soportada por todas las instituciones del Estado y que además defiende y promueve. Así vemos el entramado delincuencial del régimen en su afán de dominación poniendo en mala facha un patrimonio cultural de la humanidad causando profundas e irrestañables heridas en nuestra sociedad.

Nuestros hermanos guajiros son utilizados por el gobierno para provocar el rechazo colectivo y un pugilato por su raza o color, condición socioeconómica o por su forma de vestir, como si ser guajiro fuera sinónimo de bachaquero, cosa contraria a la genética, al espíritu de hermandad y fraternidad histórica del venezolano.

Qué triste espectáculo ver cómo nuestros hermanos indígenas, esos que con jactancia el régimen llama "fundadores primigenios de la patria" son utilizados como blanco del rechazo más visceral por parte de sus propios compatriotas. Este es un tema difícil de tratar por su complejidad y susceptibilidad, es un acto vil y obsceno, un delito por el que habrán de responder en algún momento. Los guajiros tienen los mismos derechos y son tan venezolanos como cualquiera. Ser guajiro no es una condición, es un gentilicio.

¡Bachaquear no puede ser delito!